Día 15 – Cuando el alma empieza a encontrar paz

Han pasado quince días desde la separación. Quince días en los que he vivido una montaña rusa de emociones: subidas de esperanza, bajadas de ansiedad, impulsos descontrolados por querer saber de ella, y luchas constantes contra esa necesidad de buscar su rastro en cualquier parte. Algunas veces he perdido la batalla, otras he logrado mantenerme firme, pero cada intento ha sido parte del entrenamiento de mi mente para aceptar lo inevitable.

Hoy, después de todo ese torbellino, comienzo a sentir algo distinto: un asomo de paz. No una paz completa, pero sí una señal de que estoy en el camino correcto. He empezado a aceptar la separación. He empezado a aceptar que ella no volverá, que probablemente, al igual que yo, también está recorriendo su propio proceso de desapego.

Desde ayer estoy trabajando con el Método Sedona, y me ha sorprendido lo mucho que me ayuda. Este método me está enseñando a soltar, a mirar mis emociones de frente, a reconocer que mi decisión fue la correcta. Y aunque todavía me duela, puedo ver con más claridad que esa mujer no era para mí. No quiero conformarme con migajas, porque valgo más. Y comienzo a recordármelo: mi lugar es donde soy valorado y reconocido.

Hoy, al mirar atrás, me doy cuenta de que no necesito correr hacia ningún lado para salvarme. No necesito buscar a nadie que me haga olvidarla. Solo necesito quedarme conmigo mismo, tratarme con amabilidad, darme tiempo y aceptar el proceso.

Y pienso en la vida como en aquel niño que, en un partido de béisbol, recibió de su padre la pelota bateada por su jugador favorito. Pero una señora apareció, se la arrebató, y el padre, para evitar problemas, la entregó. Las gradas la rechazaron, sí, pero lo increíble vino después: al terminar el partido, el mismo pelotero se enteró de lo ocurrido, fue a buscar al niño, lo saludó en persona y le regaló algo más grande: un bate firmado.
Si aquella señora no le hubiera quitado la pelota, ese niño jamás habría tenido la oportunidad de vivir ese momento único con su ídolo.

Así es la vida: cuando nos quitan la pelota, es porque después viene algo mejor. Y en mi caso, sé que ese bate firmado está en camino.

Deja un comentario