Ocho días después del final – Cuando el duelo se convierte en abstinencia
Ocho días después de una separación, el estado emocional puede sentirse como un síndrome de abstinencia avanzado. El cuerpo duele, la mente insiste en buscar un alivio inmediato y el corazón se aferra al recuerdo de lo perdido. No importa cuánto sepamos, con argumentos racionales, que la relación no nos convenía. El duelo no responde a la lógica, sino al apego.
La incomprensión del entorno
Cuando alguien atraviesa un duelo afectivo, la reacción de quienes lo rodean suele ser la de minimizar o presionar. Los familiares o amigos bien intencionados repiten frases como “tienes que ser fuerte” o “pon de tu parte”. Detrás de esas palabras muchas veces hay incapacidad para sostener el dolor ajeno.
En mi caso, mi padre recurre a la crítica, recordándome lo que me falta para ser “el hombre completo” que debería ser. Mi madre, en cambio, compara mi sufrimiento con la vida que ella imagina que mi expareja lleva, y cuando no respondo como ella espera, se victimiza. Ninguno lo hace con mala intención, pero ambos reflejan lo difícil que resulta acompañar a alguien en un proceso de duelo sin juicios ni comparaciones.
El verdadero dolor: el silencio
Más allá de las críticas y de la incomprensión, lo que más pesa es el silencio. La ausencia de un mensaje, la sensación de haber sido olvidado, duele tanto como la traición que motivó la separación. Es un dolor que no se calma con razonamientos.
La decisión firme de no volver atrás
Aun así, hay un punto de dignidad que sostiene: la firmeza en no buscar contacto. Aunque la mente insista en que un solo mensaje podría traer alivio, la realidad es que volver al ciclo sería prolongar el sufrimiento. La verdadera fuerza no está en no sentir dolor, sino en soportarlo sin huir hacia la ilusión de un reencuentro.
Cada día sin contacto es una victoria silenciosa. Aunque el ánimo esté en decadencia, resistir es un acto de amor propio.
Reflexión final
El duelo amoroso se parece a dejar una adicción: el cuerpo pide, la mente inventa excusas, el recuerdo idealiza. Y, sin embargo, resistir la tentación abre la puerta a la libertad. El silencio que hoy duele es también el espacio donde, poco a poco, comenzará a crecer una nueva versión de uno mismo.