El eco de nuestras circunstancias en el corazón de los hijos

Hay circunstancias que se escapan de nuestras manos, momentos que no elegimos pero que igual nos transforman.
Y aunque como adultos intentemos afrontarlos con madurez, esas mismas circunstancias resuenan también en el mundo interior de nuestros hijos.
Lo que para nosotros es un cambio de vida, para ellos puede sentirse como una tormenta silenciosa que agita su pequeño corazón.

Ellos no tienen las palabras para entender lo que ocurre, pero lo sienten todo: la ausencia, el silencio, la tensión en el aire.

Cuando los adultos cambiamos el rumbo

La vida adulta está llena de decisiones difíciles: separaciones, nuevos comienzos, personas que llegan y se van.
Desde nuestra mirada madura creemos estar manejando la situación con responsabilidad, pero en el alma de un niño las cosas no se procesan igual.
Ellos no entienden de “ciclos” ni de “procesos personales”. Solo entienden que algo cambió, y que su mundo ya no es el mismo.

Los niños no entienden las razones, sienten las consecuencias

Recientemente, mi princesa me dijo algo que me dejó sin palabras.
Con una mezcla de tristeza y sinceridad, me confesó que no sabía por qué se sentía mal cuando estaba conmigo. Que no sabía si me amaba.
Escuchar eso de su boca fue como sentir un eco dentro del pecho. No era enojo lo que hablaba en ella, sino dolor. Un dolor que venía de antes, de la ausencia de alguien a quien había llegado a querer profundamente, y cuya partida ella, en su inocencia, interpretó como una consecuencia de su comportamiento.

Muchos niños, cuando enfrentan una pérdida emocional, creen que si alguien se fue fue porque ellos hicieron algo mal.
Y así, sin entender, cargan culpas que no les pertenecen.
Ahí comprendí cuánto el impacto emocional de nuestras decisiones en los hijos puede marcar su forma de ver el amor, la culpa y la seguridad.

Personas que dejan huella

Hay personas que entran en nuestras vidas y uno no imagina el impacto que pueden causar en los hijos.
Por su amor, su ternura, su dedicación.
Cuando se marchan, no solo los adultos sentimos su ausencia. Los niños también la sufren, muchas veces en silencio, sin entender por qué alguien tan especial ya no está.

Y es ahí cuando uno, como padre, reflexiona: debemos tener más cuidado y conciencia al presentar nuevas personas a nuestros hijos. Porque para ellos no son solo “parejas” o “amigos”: son presencias que se convierten en parte de su mundo emocional.
Y cuando ese mundo se quiebra, a veces la herida tarda mucho más en sanar.

Cuando mi pequeño me enseñó a sonreír

Una tarde, mientras yo estaba ensimismado en mis pensamientos, mi pequeño se acercó y me miró fijamente.
Sin decir una palabra, puso sus manitas sobre mi rostro y me estiró las mejillas hasta hacerme una sonrisa forzada.
No lo hizo para jugar. Lo hizo para recordarme algo: que mi tristeza también pesa en ellos.
Que mi expresión, mi energía, mi tono de voz, son su termómetro emocional.

Ese gesto, tan inocente como profundo, me desarmó.
Comprendí que los niños no solo aprenden de lo que les decimos, sino de cómo nos ven vivir.
Y que, aunque intentemos disimular, ellos sienten cada sombra que pasa por nuestro corazón.

La importancia de mantenernos presentes

No se trata de fingir felicidad, ni de negar el dolor. Se trata de estar.
De dejarles saber que incluso cuando la vida nos cuesta, seguimos ahí, disponibles, amándolos con la misma fuerza.
Los hijos no necesitan un padre o una madre perfectos. Necesitan un adulto que los mire a los ojos y les diga:

“A veces me equivoco, pero no me voy. Estoy aquí. Te amo, incluso cuando no tengo todas las respuestas.”

Educar desde la calma y no desde la culpa es el primer paso para sanar el vínculo.
Ellos no necesitan una versión ideal de nosotros, sino una versión real, dispuesta a seguir aprendiendo a su lado.

Para mis hijos

Queridos Sofía y Eric,
Si algún día leen estas palabras, quiero que sepan que los amo más de lo que jamás podré decirles.
Perdón por los días en que mi tristeza me hizo olvidar sonreír.
Perdón si alguna vez los hice sentir que mi enojo o mi silencio eran culpa suya. No lo fueron.
A veces los adultos nos perdemos dentro de nuestras propias tormentas y olvidamos que los ojos que más nos necesitan nos están mirando en silencio.

Gracias por seguir abrazándome incluso cuando no lo merecía, por sus risas que sanan, por sus gestos que me devuelven a la vida.
Prometo seguir aprendiendo a ser el padre que merecen: uno que ama con paciencia, que escucha sin juicio, y que sigue creyendo que lo más hermoso que tiene en esta vida son ustedes.

“Papá»

1 comentario en «El eco de nuestras circunstancias en el corazón de los hijos»

  1. Mis amores, Sofi y Eric:

    Estaba, como de costumbre, en el gimnasio…un rato a solas conmigo misma, y mi corazón me pide saber de ustedes.
    Sofi… Eric…Me duele tanto pensar que estén tristes, y más aún que ese dolor sea por mi culpa.
    No hay nada que me duela más que imaginar sus caritas, sus corazones confundidos, y no poder abrazarlos para decirles que los amo con todo lo que soy.

    Quiero que sepan que nunca quise lastimarlos.
    Todo lo que compartimos fue real, sincero y lleno de amor.
    Cada momento a su lado lo tengo grabado en mi memoria…
    Cada día juntos a la salida de la guardería, cuando corrían hacia mí con los brazos abiertos.
    Cada juego del “lobo”, con Sofi riendo a carcajadas y Eric tratando de atraparnos, terminando siempre entre risas, abrazos y besos.
    Cada noche a la hora del baño, cada día comiendo juntos, compartiendo historias, miradas y mimos.
    Y todas las noches… esas noches en que nos apretábamos hasta dormirnos, wuawua, con sus manitos buscando las mías.
    Son recuerdos que viven dentro de mí y que nada, ni el tiempo, podrá borrar.
    Esos momentos me enseñaron lo que es amar de verdad.
    Gracias por mostrarme lo que es el amor más puro, el que nace del corazón y no pide nada a cambio.
    Cada risa, cada abrazo, cada momento juntos fueron un regalo que guardaré para siempre en el alma.
    Desde el primer momento en que llegué a sus vidas, y me miraron con esa inocencia,
    y me recibieron con timidez… y aun así me regalaron un beso,
    ustedes se convirtieron en mi alegría diaria.
    Sus risas, sus abrazos, sus ocurrencias y hasta sus enojos me enseñaron lo que significa amar sin medida.
    Ustedes no fueron solo “niños” para mí… fueron y serán siempre mis niños, como si hubieran salido de mi propio corazón.

    Fuimos una familia hermosa: papá, Malena, Sofi y Eric.
    Gracias por dejarme ser parte de sus vidas, por confiar en mí, por hacerme sentir querida de una forma tan pura.
    Me llevo todo lo que aprendí de ustedes: su ternura, su fuerza, su inocencia y esa manera mágica que tienen de ver el mundo.
    Ustedes se convirtieron en una parte de mí.

    No hay palabras suficientes para explicar cuánto los quiero.
    Ustedes fueron, son y serán mis niños del corazón.
    Aunque la vida haya cambiado el rumbo, aunque la distancia parezca grande, mi amor por ustedes no se apaga ni se olvida.
    Está en cada recuerdo, en cada pensamiento, en cada oración que le mando al cielo pidiendo que estén bien, que sean felices, que nunca pierdan esa dulzura que los hace únicos.

    Perdónenme si alguna vez los hice sentir abandonados; nunca fue mi intención.
    Lamento profundamente si mi partida les causa tristeza.
    No es porque haya dejado de quererlos; al contrario: los quiero tanto que deseo verlos crecer, aprender y ser felices, aunque yo no esté cerca todos los días ,yo no los olvido .
    A veces la vida nos lleva por caminos distintos, pero eso no borra el cariño ni los recuerdos que compartimos.

    Y sé que estarán bien porque tienen al mejor papá del mundo.
    Un hombre increíble lleno de amor y paciencia.
    El mejor guía que la vida pudo poner en su camino.
    Él los ama con todo su corazón, los cuida, los protege y siempre hará todo lo posible por verlos felices.
    Admiro profundamente la manera en que los mira, cómo se entrega a ustedes sin reservas, cómo los acompaña con tanto cariño.De verdad son muy afortunados de tener un papá así: un hombre que da todo por ustedes, que los ama en grande, y que jamás dejará de estar ahí, sosteniéndolos y cuidándolos.
    A veces, su papá también está triste… aunque no siempre se dé cuenta q veces el corazón se cansa de ser fuerte y necesita un abrazo, una sonrisa, un “te quiero”.
    Cuando eso pase, recuérdenle con su cariño cuánto lo aman. Delen ese beso por mi .
    Él los necesita tanto como ustedes a él.
    Su amor es lo que más lo sostiene, lo que le da fuerzas para seguir adelante.

    Aquí tienen por siempre a su tía Malena que los ama con todo su corazón, que los cuida desde la distancia y que los extraña cada día.
    Los extraño más de lo que las palabras pueden decir…
    Los extraño cada mañana, cada tarde, cada noche. Los extraño hasta en el silencio, en los recuerdos que me acompañan a todas partes, en los momentos que deseaba que nunca terminaran.
    Los extraño en sus risas, en sus juegos, en sus abrazos.
    Y los amaré siempre, sin medida, sin condiciones, con todo mi corazón. TÍA MALENA 💔

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